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Retorno a Venus
Alberto González Fairén

ESA y NASA han anunciado el envío de tres nuevas naves de exploración a Venus.
os días 2 y 10 de junio de 2021 cambiaron la historia de la exploración de Venus. Después de años de espera, NASA y ESA anunciaron que enviarán una nueva generación de naves de exploración para estudiar Venus en los próximos años. Serán las dos primeras misiones de NASA a Venus desde el orbitador Magallanes en 1989, y la primera de ESA desde Venus Express en 2005. Desde entonces, solo la japonesa Akatsuki en 2015 ha estudiado Venus in situ. Esta escasez reciente de misiones contrasta con el elevado número de naves enviadas a Venus durante las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo XX, incluyendo las Venera, Mariner, Pioneer Venus o Vega.

Este renovado interés por estudiar Venus acaece justo después de que, como contamos en estas páginas en noviembre de 2020, la posible identificación de fosfina en la atmósfera de Venus levantara todo tipo de especulaciones acerca de la posibilidad de la existencia de vida microbiana en las nubes venusinas. Conviene no olvidar que, en el último medio año, varias investigaciones independientes no han conseguido corroborar la identificación inicial de fosfina en Venus. Por lo tanto, lo primero que hay que destacar es que la presencia de fosfina en Venus está, cuando menos, seriamente puesta en duda.

En todo caso, como dijimos entonces, la identificación de fosfina en Venus sería un descubrimiento nuevo y emocionante que precisaría de una explicación que aún no tenemos. Pero cuidado: la interpretación biológica sería, por definición, la más compleja. Por lo tanto, a pesar de los ríos de tinta que han corrido estos últimos meses intentando estirar al máximo las implicaciones astrobiológicas de la presencia de fosfina en Venus (que, insistamos, no está ni mucho menos confirmada), la realidad es que a día de hoy no podemos decir con seriedad que la fosfina en Venus pudiera ser un bioindicador.

Todo este revuelo alrededor de la posible vida en las nubes de Venus ha contribuido, sin duda, para que, el 2 de junio, NASA anunciara que enviará dos naves a Venus dentro de esta década, con objetivos científicos complementarios: VERITAS, un orbitador encargado de mapear la superficie venusina con radar, que es capaz de ver la superficie a través de la capa de nubes (Figura 1); y DAVINCI+, que constará de un orbitador capaz de estudiar la atmósfera del planeta usando luz ultravioleta e infrarroja, y de una sonda que se sumergirá en la atmósfera de Venus durante 1 hora para estudiarla a fondo, tomando datos de las capas de nubes cada 100 metros de caída (Figura 2). Y el 10 de junio ESA anunció el envío de su propio orbitador, EnVision, que será capaz de estudiar la superficie de nuestro vecino planetario también con radar.
Ilustración de VERITAS orbitando Venus
Figura 1: Ilustración de VERITAS orbitando Venus. Click para ampliar!
Además de intentar resolver definitivamente la discusión sobre las fosfinas, las tres nuevas misiones tienen como objetivo solventar otras muchas cuestiones que aún no entendemos sobre Venus. Por ejemplo, porqué, teniendo un tamaño similar a la Tierra y no estando mucho más cerca del Sol, sin embargo Venus tiene una superficie y una atmósfera infernales, con temperaturas y presiones capaces de fundir el plomo. O entender si Venus pudo ser un mundo algo más plácido hace miles de millones de años, cuando tal vez pudo tener océanos de agua líquida sobre su superficie. O si la corteza de Venus formó alguna vez continentes similares a los de la Tierra. O si aún hoy existen volcanes activos en Venus. Los datos que proporcionen los tres nuevos orbitadores permitirán avanzar el conocimiento sobre la historia geológica de nuestro vecino planetario.

Además, DAVINCI+ ofrecerá nuevos datos para aclarar el debate sobre las fosfinas, sobre todo gracias a la sonda atmosférica. Aunque la posibilidad de que exista alguna forma de vida en las nubes de Venus está siendo objeto de debate en estos momentos más allá de la presencia o no de fosfinas. Por un lado, en un estudio publicado también en junio, John Hallsworth, de la Universidad de Belfast, y sus colaboradores, analizaron todos los datos disponibles sobre las nubes venusinas, y concluyeron que la cantidad de agua disponible para la vida en las capas atmosféricas donde tal vez exista fosfina es 100 veces inferior a la cantidad mínima que necesitaría el organismo terrestre más resistente a la sequedad. Venus estaría simplemente demasiado seco como para soportar procesos biológicos.

Pero, por otro lado, Paul Rimmer, de la Universidad de Cambridge, acaba de publicar un trabajo demostrando que algunas gotas en las nubes de Venus tienen una concentración de agua muy elevada en relación con el entorno hiperdeshidratado que describe el trabajo de Hallsworth. Es decir, que el contenido de agua en la atmósfera venusina podría no estar homogéneamente distribuido, lo que posibilitaría la existencia de nichos aislados con mayor disponibilidad hídrica, que además se desplazarían entre las nubes. Por lo tanto, la discusión sobre la posibilidad de presencia de vida actualmente en las nubes de Venus sigue abierta y más viva que nunca. Las nuevas misiones de NASA y ESA sin duda arrojarán luz en este fundamental debate.
Impresión artística de la sonda de DAVINCI+
Figura 2: Impresión artística de la sonda de DAVINCI+
descendiendo a través de la atmósfera de Venus. Click para ampliar!
 
 
Madrid, España, 09 de Agosto de 2021.
 
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